Cuando hablamos de la sociedad digital referimos a una
sociedad más compleja de aquella que la precedió. El siglo XX se caracterizó,
entre otras cosas, por un tipo de cultura sólida, fija, permanente, lenta; en
la que el saber estaba depositado en los libros y en los docentes y
profesionales, que eran los encargados de transmitir ese saber. La cultura “del
transmitir” nos precede y enmarca fuertemente bajo un modelo pedagógico
industrial, mecánico, reiterativo. En ese contexto, el éxito escolar dependía
de recordar y reproducir, y eso se necesitaba para ser competente en esa
cultura sólida.
Pero vivimos un tiempo de cambios acelerados. Un cambio
cultural tan grande que es necesario adaptarse o desaparecer. De la mano de las
nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, se han modificado no
sólo las herramientas, sino las maneras de ser y de estar, de relacionarnos y
comunicar/nos, de informar/nos, de aprender, de producir, de consumir, de
investigar, y más. Esta cultura está en permanente cambio, fluye, se
transforma, se remixa, se desplaza; es una cultura líquida. Y ser competente en
ella requiere más que recordar y reproducir.
Las TIC se encuentran omnipresentes en la sociedad digital;
en la casa, en la calle, en el trabajo, ¿en la escuela?, entre los adultos, en
los jóvenes y pequeños, para relacionarnos, comprar, vender, leer el periódico,
consultar una receta, llegar a un lugar desconocido, saber de algo o de alguien,
difundir, buscar, realizar trámites, etc. A su vez, han borrado las barreras
físicas en el espacio y en el tiempo. Hace tiempo que asistimos a un mundo
globalizado, social, política, económica y culturalmente. Este modo de ser y
estar en el mundo es posible gracias al ecosistema informático que usamos y en
el que nos movemos. ¿Qué es necesario para ser competente en este
nuevo contexto? ¿Qué significa ser un ciudadano culto y autónomo en la sociedad
digital?
Ciudadanía digital
Para manejarse con éxito dentro del ecosistema son
necesarios nuevos saberes y competencias; y sólo quién los tenga, podrá
participar de la nueva economía del conocimiento. La cultura digital y el
internet abren el acceso al conocimiento humano, lo que trae cambios profundos
en las formas de consumir y producir cultura. El saber es abierto, transparente y accesible,
reconvertible e intercambiable. Las formas
de la cultura también son distintas; la imagen fija se opone (para mí se complementa) con nuevos formatos, como
el hipertexto, lo multimedia y lo
audiovisual. Es necesario saber moverse de manera inteligente a través
del sistema informático; ser parte de las redes sociales de interacción, de
manera conciente y responsable. El “homo
digitalis” es capaz de interaccionar con otros,
relacionarse, hacer diversas cosas on line. Por ello, la tecnología es muy
importante. Saber interactuar con las máquinas, cada vez más independientes, y
saber cómo funcionan. Saber interactuar con las personas y con las nuevas
formas del saber a través de esas máquinas.
Ser
ciudadano en este siglo XXI requiere de un repertorio de competencias mucho más
complejas. No sólo de saberes que se reproduzcan, sino de la capacidad para usar
ese conocimiento en situaciones concretas, para resolver problemas prácticos; saber
dónde, cómo y con quién encontrar una información y analizarla, para usarla de
forma crítica; configurar y ser parte de las redes sociales; saber trabajar de
forma comunicativa; leer, escribir,
mirar y expresarse en diferentes modos y formatos; ser abiertos, receptivos,
empáticos, predipuestos al cambio, a lo maleable, a la innovación y a la
invención. Ser ciudadano es saber tomar
decisiones complejas, adecuadas, abiertas e innovadoras. Nada más y nada menos.
La responsabilidad docente en la formación del ciudadano digital
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| https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Frato_3.jpg?uselang=es |
Esto
interpela nuevas competencias docentes. El docente mismo deberá convertirse en
un ciudadano digital, ser, estar y participar; aprender a través de la
experiencia y de proyectos, construir su conocimiento con otros y
creativamente, y sobre todo, tomar decisiones complejas para personalizar su
enseñanza y promover situaciones de aprendizaje genuinas y acordes a las
demandas de la sociedad actual.


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