jueves, 25 de junio de 2015

Pensando mi caos en dos analogías

En el marco de lo que interpela #eduPLEmooc  estoy intentando captar los reales sentidos de algunas prácticas.
Cuando pensaba acerca del “content curation” y reflexionaba acerca de mis motivos para disponerme a organizar la información que frecuento, encuentro o busco se me ocurrió una imagen: la de un ropero. Entonces voy a utilizar esta analogía para reflexionar sobre la gestión de información.

Imaginemos un placard en el que vamos metiendo ropa que nos regalan, que compramos, que ya no utilizamos, nueva, vieja, ropa linda y no tan linda, por las dudas…Vamos apilando donde podemos. 
Llega el momento de usarla, usar ese pantalón que tanto nos gustó. Pero no lo encontramos y entonces usamos "algo" que tal vez nos sirva para la ocasión.  Esto nos enseña que lo mejor sería mantenerla ordenada por tipo, color o preferencias en diferentes cajones y compartimentos. También, es factible pensar que existan muebles más apropiados que otros para algunas prendas, con espacios ilimitados, más largos, más pequeños, etc. Muebles que responden a diferentes usos.
La idea del guardado y de los compartimentos también requerirá para hacer nuestra búsqueda más rápida y eficaz, la delicadeza de colocar etiquetas en los cajones. 
Asímismo sumará el hecho de que saquemos de los placares cosas obsoletas, aquellas que sabemos que no utilizaremos más.



Esa imagen suena amigable y nos da cierta paz. Sin embargo, considero que si seguimos apilando y acomodando sin parar y sin decidir previamente qué introducir en nuestros placares, para qué y si es necesario; llegará un momento en el que por más organizado que se encuentre, dispongamos de muchos muebles y de un filtro/robot que nos acerque amigablemente “algo rojo”; guardar, apilar, compilar no será tan efectivo. Podemos encontrarnos con 100 cosas rojas que hará que manoteemos lo primero que encontremos o bien tardemos en mirar de qué trata cada uno.

Hago este paralelismo para reflexionar acerca de qué puede ayudarnos a recuperar con mayor facilidad “nuestras prendas”. ¿Será colocar más de una etiqueta? ¿Utilizar palabras propias que den prioridad a alguno? Por ejemplo: ¡excelente! Concreto, preferido, síntesis, contrapuntos… Muchas herramientas que nos permiten organizar la información disponen de una posible descripción, ¿será tomarnos el tiempo para escribirlas? ¿Será no guardar sin leer...¿Es posible?

Y ahora qué hago con esta información?

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Escuchando y leyendo el relato de personas expertas en curación surge la sensación de placer, diversión, juego.
 Johan Huizinga, uno de los primeros teóricos del “juego”, expresaba que el juego crea orden, es orden; y si los jugadores se desvían de ese orden se pierde el carácter de juego, se anula y se estropea. El juego se relaciona así con la inventiva y la resistencia dentro del marco que dan las reglas. 
Pero, para fundar un orden es necesario partir de un vacío. Al respecto, Scheines plantea que jugar es crear y sólo se juega si previamente provocamos el caos e instauramos el vacío para crear nuestras propias reglas de juego.

Curar y jugar se me parecen en esos sentidos. Curar es establecer nuestras propias reglas ante tantos recursos, artículos, publicaciones, investigaciones, notas, conceptualizaciones…Es hacer que esa madera sea mi caballito gris...
Ahora, siguiendo con las conceptualizaciones de los mismos autores, encontramos que el juego no tiene un fin en sí mismo, porque es una actividad desinteresada; y en este sentido, curar se 
                         me 
                                aleja del concepto del juego
No existe el curar porque sí. Guardo, ordeno y recupero con otros fines, públicos o privados; para ampliar temas, para enriquecer conceptualizaciones, para recrear, para argumentar, para contra-argumentar, para remixar, para complementar, para compartir… Es allí donde reside la riqueza de tanto juego y trabajo. Y en ese recrear tal vez volvamos a encontrar la esencia del juego, con reglas propias y otras, que surgen de respetar a los autores de mis recursos.

Mientras tanto me encuentro explorando con “roperos” (List.ly, Scoop.it!, Diigo, Pinterest…) para ver cuál viene mejor a mis fines. Espero encontrar ese placer descubriendo una legalidad propia, improvisar mi orden para jugar libremente.


Referencias:

Huizinga, J (1998) “Homo Ludens”. Emecé Editores Sociedad Anónima. Buenos Aires.

Scheines, G. (Compiladora), (1985) “Los juegos en la vida cotidiana”.

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